Estoy con las alas extendidas mirando un abismo que me causa fascinación… Estoy de pie con mis brazos que se han transformado para poder volar, para llevarme más allá, desafiando el amor hacia la vida…

Estoy observando el abismo y desearía desplomarme hacia el, escaparme de mí, dejar de existir… El aire acaricia mis mejillas, mi cabello rizado se alborota y cierro mis ojos y vuelvo a extender mis alas azules, alzo la cara al cielo y le pido al ser supremo que si me voy hacia el abismo venga un ángel por mí, porque mis alas aun no están listas para volar, sin embargo, incito a la muerte a que me lleve, retando a la vida, provocando seducción entre la oscuridad y la luz, entre la agonía y la salvación… entre la fantasía y la realidad.

El abismo es tan profundo que apenas una piedra se vislumbra al ser lanzada… Abro mis ojos y la brisa me moja, acaricia cada parte de mí, de esta dualidad palpable de mi ser, lleno de vida, de muerte…

Los sentimientos ambivalentes me atacan, tengo miedo de extender mis alas azules y quiero volar… Volar a donde no sienta más este dolor que me carcome las entrañas, que me lacera. Quiero irme, quiero dejar de escuchar los pensamientos que me atacan, quiero dejar de sentirme atrapada, encerrada, quiero ser libre, lejos de mí…

Escucho unos violines a lo lejos, mis pies descalzos comienzan a bailar al compás de la melodía, comienzo a girar mis alas dibujando círculos, poco a poco alejo mi cuerpo del abismo… Siento la humedad en mis pies de la Tierra, siento la vida, me siento a mí, por un instante, es sólo un breve segundo en el que me permiten estar conmigo y nuevamente me alejo de mí… Vuelve esa soledad, ese vacío, ese abismo delante de mis ojos se hace más visible…

Lo vuelvo a observar, ya nadie agota mi pensamiento con ideas rápidas, dejo de pensar en todo lo que me rodea, olvido que existe la vida y extiendo mis alas azules y solo una paz me invade, esa paz que no te deja volver atrás… Y vuelo lejos de mí para encontrarme de nuevo… En otro lugar…

LAURA GRISELLE JIMÉNEZ

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